Corea del Norte, la fórmula de un éxito

Las campeonas que derrotaron a España en la final del Mundial Sub-17 de fútbol emergen de un legado único que pasa por Barcelona.

El fútbol femenino de Corea del Norte, una potencia que en los últimos años ha sorprendido al mundo con su éxito en torneos internacionales, tiene un origen marcado por esfuerzos estratégicos y colaboraciones decisivas. Su reciente triunfo en el Mundial Sub-17, tras vencer a España en una tensa tanda de penaltis, no es un hecho aislado, sino el resultado de una planificación meticulosa y un entorno deportivo singular. Este éxito encuentra sus raíces en un pasado que incluye la intervención de actores externos, como Marcet Football, que aportaron conocimiento y metodología para elevar el nivel competitivo del país.

Un pasado marcado por la estrategia y la inversión

Desde la década de 1990, el deporte en Corea del Norte ha sido una herramienta del Estado para destacar en el panorama internacional. Bajo el liderazgo de Kim Jong-il, y más tarde de Kim Jong-un, la nación comenzó a potenciar el fútbol femenino, un sector poco explorado pero con un potencial inmenso. La disciplina y el rigor se convirtieron en normas fundamentales en el entrenamiento de sus jugadoras, quienes se preparan bajo un sistema que equipara el deporte a un campo de batalla ideológico, como lo demuestra un escrito de Kim Jong-un en el que afirma: “Los deportistas deben ver sus entrenamientos como órdenes de combate del Partido y su campo de entrenamiento como una batalla para implementar sus ideas”.

Marcet, la semilla de la comprensión futbolística

El año 2013 marcó un punto de inflexión en el desarrollo del fútbol norcoreano gracias a un acuerdo firmado con Marcet Football, una reconocida academia de alto rendimiento con sede en Barcelona. La colaboración permitió que, tras un draft presencial en Pyongyang, 18 adolescentes fueran seleccionados para recibir una formación integral en España. Durante su estancia en este centro académico-deportivo, los jóvenes no solo empezaron a comprender la cultura y los fundamentos del juego del fútbol mejorando sus habilidades sociales, sino que desarrollaron competencias y desempeños que los colocaron por encima de la media internacional.

El impacto de este programa fue tangible. Corea del Norte ganó el Campeonato Asiático sub-16 tras derrotar a su rival histórico, Corea del Sur, en un partido memorable. Protagonistas de la final fueron Han Kwang-song y Choe Song-hyok, que pocos días antes del triunfo aún se encontraban en Barcelona para acabar su ciclo formativo. Sin embargo, el alcance de esta formación no se detuvo allí. Varios de esos jóvenes formados por Marcet debutaron en la primera división italiana, en equipos de renombre como la Juventus, marcando el inicio de una generación que cambiaría la historia del fútbol en su país.

Resultados que florecen como bambú chino

El modelo de enseñanza de Marcet, que combina aspectos deportivos con el desarrollo de la personalidad y la comprensión profunda del fútbol, dejó una huella duradera. La reciente victoria del equipo femenino Sub-17 es un ejemplo del «efecto Marcet», una semilla que, al igual que el bambú chino, ha tardado en brotar pero que ahora cosecha frutos en el ámbito internacional. Los éxitos obtenidos no solo han elevado el estatus de las jugadoras en la sociedad norcoreana, donde son veneradas como heroínas, sino que también han reforzado la narrativa estatal sobre la importancia del deporte como símbolo de orgullo nacional.

Un legado con miras al futuro

El fútbol en Corea del Norte, con su singularidad y carácter militar, ha logrado que las jugadoras no solo se conviertan en deportistas de élite, sino en símbolos de superación y éxito en una sociedad marcada por profundas desigualdades. 

El camino de Corea del Norte hacia la cima futbolística femenina ha sido arduo y, en ocasiones, polémico, como lo demuestra el escándalo de dopaje en el Mundial de 2011. Sin embargo, los esfuerzos por mantener un sistema formativo eficiente y exigente, junto con la colaboración internacional que sembró las bases de su progreso, siguen dando frutos. En este contexto, Marcet ha jugado un papel clave, dejando una marca que el tiempo y los títulos han validado. Como si de un ritual de éxito se tratara, Corea del Norte no solo adora a sus líderes, sino que también rinde homenaje a quienes, como Marcet, contribuyeron a escribir su historia deportiva.

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